
A menudo, el dominio de uno mismo constituye un arte; le llamamos el Arte Real. Los antiguos denominaron así al arte de hacer del plomo oro puro, y los masones a la ciencia de convertir la pidra tosca en piedra cúbica. En ambos casos estamos ante símbolos que en verdad quieren decir que la condición grotesca y burda del hombre debe convertirse en un estado sublime y sutil, elevado y digno de su Creador.
El dominio de sí mismo no es cosa fácil. Un sector importante de la ciencia interior sostiene que la virtud es la fuerza que domina las pasiones y también afirma que el vicio es el hábito de contentar nuestros deseos. Tenemos pensamientos (riendas) y caballos (sentimientos) que el YO debiera conducir con templanza, sabiduría y equilibrio. Pero a menudo no es así; todo parece indicar que el hombre ha perdido la Palabra... Sin embargo, debe desarrollar su virtud, es decir, su fuerza interior para enfrentarse a otra fuerza, la del otro lado, aquélla fuerza que nos jala hacia el contento de los deseos y que, normalmente, nos lleva al borde de todos los precipicios, principalmente los de índole moral.
Sin embargo, el hombre no tiene la fuerza necesaria para controlarse a sí mismo como fuera de desearse; no al menos el hombre común, el hombre citadino. Quizá unos pocos, los verdaderos iniciados, sepan vivir consigo mismos, pero para ello parece ser indispensable que vivan apartados del mundo. No negamos que existan, pero de cerca no los vemos.
En El Colegio Invisible se aprende parte de esta ciencia de la sublimación de los metales y de las piedras. Una ciencia ciertamente en extinción, pero rescatable si uno la estudia y se va compenetrando gradualmente en ella. No es una ciencia que se aprenda de la noche a la mañana, pero tampoco es imposible de conocer y practicar. Hoy en día han despertado escuelas iniciáticas y otras que son modernas. La psicología y las terapias de moda parecen reconocer secretos milenarios que el hombre conoció a través de la inciación. Pero en las Logias masónicas se guardan en símbolos -para muchos irreconocibles- las enseñanzas de nuestros remotos antepasados. También en las asociaciones rosacruces, martinistas, gnósticas y de otra índole.
La Ciencia Secreta no se ha perdido; está ahí esperando ...